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domingo, 30 de noviembre de 2025

DEL BUEN SALVAJE AL BUEN REVOLUCIONARIO : UNA CONVERSACIÓN CONTEMPORÁNEA EN SEIS PREGUNTAS

El 3 de mayo de 1976 salió a la calle la primera edición de Del buen salvaje al buen revolucionario: Mitos y realidades de América Latina en español, publicada en Caracas por Editorial Monte Ávila. Pocas semanas antes, el 19 de febrero, se había lanzado en París la edición en francés. Es decir, en el 2026 se cumplirán cincuenta años de la publicación de este libro, un parteaguas en la interpretación de las razones para el progreso y la prosperidad, y su carencia, en Latinoamérica.

Como parte de la conmemoración de esta fecha aniversaria, tuve el honor de ser invitado el 25 de noviembre de este año al programa de Tony Benítez “Defectos Secundarios”, por un amigo común y su productor, Luis Leonel León, para conversar acerca del libro de mi padre. En preparación para el programa me hice ciertas preguntas acerca del libro y acerca de Carlos Rangel relativos al tópico. abarcando mucho más de lo que los breves 30 minutos nos permitieron cubrir en ese programa. Comparto mis auto-preguntas y reflexiones por tener relevancia para aquellos interesados en el tema.


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1) ¿Por qué un libro escrito hace casi cincuenta años tiene relevancia todavía?

El libro sigue vigente por su lúcido diagnóstico de los mitos y distorsiones culturales que afectan hasta hoy al desarrollo y prosperidad de América Latina, y por su defensa universal de la libertad frente a los peligros permanentes del autoritarismo. El autoritarismo es casi el default, la condición normal de la sociedad humana. Su contraparte, la libertad, es deseable pero difícil de lograr y mantener. Deseable porque bajo libertad se genera mayor riqueza y prosperidad que bajo autoritarismo. No vemos en el mundo ningún régimen autoritario que genere y mantenga prosperidad. Para Latinoamérica, el libro intenta identificar, de diagnosticar, los males que evitan que sea próspera y exitosa en el ámbito mundial. Una gran cantidad de países en la región todavía distan de ser prósperos, y algunos luchan por mantener o incluso lograr una sociedad mediamente libre. Por eso, este diagnóstico se mantiene.

El pensamiento que arranca para conducirnos a través de este gran ensayo sobre Latinoamérica está en las primeras líneas del libro que dicen:

Los latinoamericanos no estamos satisfechos con lo que somos, pero a la vez no hemos podido ponernos de acuerdo sobre qué somos, ni sobre lo que queremos ser.

Para los latinoamericanos este libro nos enfrenta a esa pregunta existencial y permanente del qué somos y del qué queremos ser, pero las reflexiones contenidas son universales porque, como dice mi padre, los seres humanos somos homólogos, somos iguales en todas partes y en todas las razas. Las condiciones de país a país o de continente a continente pueden ser diferentes, pero el futuro es una angustia existencial para todos, y la lucha por un futuro con libertad y democracia, garantes de prosperidad futura, es permanente.

La lectura del libro es universal porque identifica claramente los peligros que acechan a la libertad y la democracia en cualquier parte del mundo. En mis investigaciones para actualizar la página Wikipedia sobre el libro encontré artículos en numerosos países, pero el que más me sorprendió fue uno en un diario de Corea del Sur, escrito en el 2010, argumentando acerca del peligro de nacionalismos contra la democracia, y citando este libro como fuente de referencia, treinta y cuatro años después de su primera edición.

Para la región, el libro identifica elementos específicos en la cultura e historia de Latinoamérica que autoinfligen distorsiones y crean mitos de grandeza, esencialmente complejos de superioridad, para compensar psicológica y existencialmente lo que Rangel describe como el fracaso, “hasta ahora”, de la región. Al enfrentar estos mitos que identifica como “verdades incómodas” busca diagnosticar los males que la aquejan; cómo estos males han hecho que caiga repetidamente en ciclos de autoritarismo populista, tanto de izquierdas como de derechas; y cómo estos comportamientos, esas falsas leyendas, mitos y verdades incómodas, persisten hasta el día de hoy. Por eso la lectura de este libro se mantiene vigente.

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2) ¿Cuál es la esencia del libro, su tema principal?

Su tema central gira alrededor del anhelo que tiene todo ser humano de libertad y prosperidad, anhelo obstaculizado por mitos milenaristas y narrativas favorecedoras de modelos represivos en lugar de la libertad. Ese anhelo natural de prosperidad impulsa la pregunta de lo que somos y queremos ser. Es un anhelo tan común, universal y perenne que es la raíz de esa pregunta de todo abuelo a su nieto ¿y qué quieres ser cuando seas grande?

Recuerdo claramente haber hablado con mi padre alrededor de 1976, o algo así, acerca del tema de la búsqueda de la felicidad en la Declaración de Independencia de los EEUU. Conversábamos acerca de un ensayo del embajador ante las Naciones Unidas, Daniel Patrick Moynihan, que él me había pedido que le tradujera.[1] Este era un tema que él siempre mantenía en mente, no como obsesión malsana, pero si en su mente.

Esta fijación le origina la pregunta: ¿Cómo crear las condiciones para garantizar ese derecho? La declaración de independencia de los EE. UU., un documento con raíces profundas en la revolución liberal del S. XVIII, establece que entre los derechos inalienables de todo ser humano se halla ese, el de la búsqueda de la felicidad. El derecho a lo búsqueda de la felicidad, no el derecho a la felicidad. La felicidad nadie la puede garantizar, pero el derecho a tratar de lograrla es un derecho que  tiene todo ser humano. El libro es contemporáneo con aquella conversación privada, y en sus páginas se refleja el intento de identificar condiciones que han obstaculizado ese derecho en América Latina. DBSBR revela como los mitos fundacionales de la cultura, comportamiento e historia latinoamericana más bien han conspirado contra ese derecho, creando condiciones que reprimen la libertad y la prosperidad de la región; identifica mentiras que obstaculizan y subvierten la búsqueda de la felicidad en America Latina.

De esta manera, el libro tiene dos vertientes significativas de análisis: (1) el conflicto universal entre libertad y represión, y (2) las particularidades que hacen que en Latinoamérica prevalezca lo segundo y no lo primero. Debido a que estas apreciaciones son estructurales y no coyunturales, la vigencia del libro se mantiene en el tiempo.

 Aparte de esto, los argumentos se enmarcan dentro de un mito clásico de la civilización occidental, tal vez de la esencia humana: el milenarismo. Este mito permanente, con raíces anteriores a la Biblia, es el de la promesa de un futuro feliz, y ¿quién no quiere eso? El mito supone que alguna vez fuimos felices, que ahora no lo somos y que no podemos hacer nada al respecto; pero en algún momento llegará, digámoslo así, la redención, algún salvador que nos sacará de nuestra miseria y volveremos a ser felices, tal vez después de una transformación o sacrificio doloroso. En esencia, regresaremos a la inocencia perdida, regresaremos a la felicidad.

El mito milenarista es ubicuo desde la Biblia, por supuesto, hasta la Cenicienta, como destaco en mi libro más reciente,[2] y claramente en el marxismo. Es un mito que se origina en nuestra propia experiencia de vida: la inocencia de la niñez, su pérdida al adquirir el uso de la razón y conciencia de la muerte inevitable, la ansiedad de la supervivencia diaria, y la esperanza del más allá. El mito es pan de cada día para populistas nacionalistas prometiendo retornar su país a algún pasado glorioso donde todo era una maravilla. En el caso de los marxistas, a una civilización sin dinero ni propiedad privada donde cada uno aporta según su capacidad y recibe según su necesidad: el Edén. Uno pensaría que a estas alturas ya sabrían algo más y mejor, pero el apóstol del Socialismo del S XXI, Hans Dieterich Stefan, lo reitera nuevamente en nuestros tiempos. Siempre debemos recelar de aquel que promete que nuestro futuro será como nuestro pasado, en vez de ofrecernos un nuevo futuro.

En el libro vemos cómo se manifiesta el mito del paraíso perdido y el redentor con la percepción europea originalmente matizada por el descubrimiento de una tierra exótica y lejana. Un probable paraíso terrenal donde los nativos hablan un lenguaje similar al griego, no hay enfermedades y no tienen noción de las armas. Pero esta tierra y esos nobles salvajes sufrirán una caída al someterse al yugo de la civilización (para el caso particular, la occidental). Existe, sin embargo, la esperanza de un redentor revolucionario que liberará a esta tierra del pesado yugo de esa civilización, que la conducirá fuera del valle de lágrimas permanente en el cual vivimos, un ejemplo, guía y faro a seguir a nivel mundial. Esta percepción de Latinoamérica se origina en círculos intelectuales, literarios y pseudo-revolucionarios de Europa, y es cómodamente aceptada por sus homólogos en Latinoamérica.

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3) ¿Cuáles fueron los principales argumentos en oposición a lo planteado por Rangel?

Los críticos rechazaban principalmente la premisa del “fracaso” latinoamericano. Ese argumento, el de la premisa falaz, tal vez sea el más razonado y válido en contra de las ideas postuladas en el libro y surgen de la famosa frase en el prólogo del ensayo, esa que dice:

En todo caso, desde Bolívar hasta Carlos Fuentes, todo latinoamericano profundo y sincero ha reconocido, al menos por momentos, el fracaso -hasta ahora- de la América Latina.

El contrargumento postula que definir a la America Latina como un fracaso es un supuesto negado. Entendamos, este libro se publicó en 1976. La ideología tercermundista difundida por el imperialismo soviético estaba en su apogeo. La revolución cubana era la astilla en el ojo del gigante capitalista. Las fallas del sistema comunista eran cada vez más aparentes, para quien quisiera verlas, pero en Latinoamérica se mantenía la devoción al comunismo estalinista, represivo autocrático disfrazado con piel de oveja. Para los izquierdistas latinoamericanos argumentar que la región era un fracaso hacia surgir la pregunta “¿un fracaso en relación con qué?”

Salvador Allende victorioso demostraba la posibilidad de sacudirse del yugo de la hegemonía capitalista bajo reglas democráticas. Su caída había sido una piedra en el camino hacia la utopía milenaria de Latinoamérica. Los generales de Argentina serían un paréntesis en el peronismo socialista. Había partidos socialistas con aparentes opciones de poder en múltiples países, o así se lo hacían creer a sus devotos y, contra viento y marea, Cuba se mantenía como el faro de la revolución permanente. El éxito del socialismo comunista estaba a la vista. No, Latinoamérica no iba rumbo al fracaso, todo lo contrario. Fracaso no era la verdad y Rangel elaboraba su análisis a partir de falsas premisas. La región tendría su propio y autóctono modelo de desarrollo y éxito, no una mala copia del mundano capitalismo occidental. La victoria electoral de Chávez, unos 25 años después de publicarse el libro, reivindicaría para algunos esta idea.

La historia nos ha demostrado lo contrario, sin embargo. El desarrollo, objetivamente, existe y es algo deseable. Cómo lograrlo es la pregunta crucial, y ciertamente el socialismo izquierdista, y el mercantilismo derechista, los polos históricos en la región que son variantes del mismo modelo económico y autoritario nacionalista, no han sido capaces de lograr ese desarrollo. En una entrevista que se hizo a sí mismo con la intención de promocionar una edición continental del libro, Rangel habla del desarrollo como un genio que no se puede meter de vuelta en la botella.

Hace trescientos años o menos no existía desarrollo tal y como lo percibimos hoy: educación, esperanza de vida, alimentación, vivienda, cultura, mucho menos individualidad, entre otras cosas que hoy suponemos normales. La máxima de Thomas Hobbes, describiendo a la vida como desagradable, brutal y corta en necesidad de un leviatán dominante, ese default totalitario, era la condición humana común. Pregunta Rangel entonces ante lo que hoy percibimos como desarrollo “¿Por qué rechazarlo?” Por supuesto el contraargumento retórico es “¿desarrollo con relación a qué?” Este es ahora un argumento en contra del genio salido de la botella, de polémica vacía, barata y descartable. La historia nos ha demostrado que esa dicotomía es falaz. Existe la verdad, existen los hechos, existe el desarrollo; y crear las condiciones para que exista la búsqueda de la felicidad impulsa el desarrollo. Vivir en libertad es el camino al desarrollo.

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4) ¿Cuál es la importancia e impacto de Carlos Rangel en el pensamiento liberal?

Uno de sus aportes principales fue la difusión y defensa de las ideas fundamentales del liberalismo en un momento durante la guerra fría donde esa posición era contracorriente. Lo popular era decir que las economías de la región no prosperaban porque las potencias capitalistas si lo hacían; es decir, la teoría de la dependencia, esa que dice que el origen de la pobreza es la explotación por elites y países; de que hay pobres porque existen ricos; ese era el lugar común. El libro de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de America Latina era la biblia latinoamericana en este sentido. Una supuesta explicación económica del llamado subdesarrollo latinoamericano y su pobreza. El libro de Rangel socavó y demolió esta corriente victimista. Durante un acto de conmemoración de los 40 años del libro, en el 2016, Carlos Alberto Montaner dijo en su presentación que Carlos Rangel le había dicho directamente que Del buen salvaje al buen revolucionario había sido escrito en gran medida como respuesta al libro de Galeano.

La contradicción más evidente a este postulado victimista y el ejemplo más claro hasta el día de hoy es Cuba. Sostenida a duras penas por los intereses geopolíticos del imperialismo soviético, la economía cubana empobreció y se tornó miserable bajo el comunismo castrista. Eso a pesar de que las relaciones comerciales con la sociedad capitalista occidental, la base para esa supuesta depredación de recursos de la economía y en particular con el supuesto gran imperialista depredador, los EE.UU., cesaron al imponerse el boicot comercial. De ser verdad que esas relaciones comerciales le chupaban la sangre y los recursos a la isla, uno supondría dos cosas: primero que al removerse esos vínculos comerciales la isla naturalmente prosperaría por su cuenta y, segundo, que no estarían achacando su pobreza y miseria a esa ruptura comercial. No fue ni ha sido así y, por supuesto, lo mismo ha ocurrido en Venezuela.

He aquí el aporte principal, algo que hoy en día casi es una verdad recibida, algo que no se cuestiona mucho: Rangel postula que el desarrollo político antecede al desarrollo económico. La economía no es la que impulsa al desarrollo; un país puede ser “rico”, en el sentido mercantilista de contener grandes riquezas, pero si no tiene una cultura política desarrollada, nunca será desarrollado económicamente, no tendrá lo que él define como desarrollo: educación, salud, vivienda, buena alimentación, capacidad de avance social, capacidad creativa en todos los ámbitos de la sociedad: cultura, ciencia, etc. La antítesis de la condición descrita por Hobbes.

Un país con miseria y pobreza, y con poco desarrollo político, es presa fácil de justificaciones basadas en la teoría de la dependencia, de explicaciones victimistas; De decir, “nosotros somos pobres porque ellos son ricos”; y esos “ellos” pueden ser los países desarrollados o las clases sociales dirigentes del país: “gusanos”, “escuálidos”, “firifiris”. “colonialistas internos”, u otro remoquete conveniente. Es la mentira de la ideología leninista/tercermundista difundida y utilizada para generar sus mal llamadas “revoluciones pemanentes” y hacer crecer el imperio soviético durante la guerra fría, con consecuencias hasta el día de hoy.

Galeano mismo en el 2014 reconoció que su libro, esa biblia de la dependencia que incluso Chávez le regaló a Obama como manual para comprender a Latinoamérica… Galeano mismo reconoce en el año 2014 en una feria del libro en Brasil que su libro es una sarta de sandeces escrito por alguien que no sabía mucho de economía.

Entonces, si no es el juego suma-cero de la distribución de la riqueza lo que explica el subdesarrollo económico, ¿qué es lo que lo explica? Esa es la pregunta que hace Rangel y para buscar contestarla se hace otra pregunta: ¿Cómo es posible que dos regiones partiendo de un mismo origen, de la misma tabula rasa, una de ellas agraciada con recursos, la otra agobiada por un clima inhóspito; una de ellas con grandes ciudades y universidades mientras que la otra tenía pequeños poblados se desarrollasen de manera tan distinta? ¿Cómo es posible que una de estas dos regiones se convirtiese en una de las más prósperas y ricas del mundo mientras que la otra no en el mismo lapso histórico? ¿Por qué una sociedad busca la justica social en la distribución de la riqueza, mientras que la otra genera prosperidad mediante la creación de la riqueza?

Su conclusión es que existen verdades incomodas ocultas por mitos compensatorios, por fabulas y mentiras convenientes para los que mantienen a la región como su botín político. Llega a la conclusión de que las razones para el atraso son culturales. Una conclusión naturalmente rechazada como explicación del atraso económico por los apóstoles regionales y mundiales de la teoría de la víctima, la teoría de la dependencia.

Combatir esa genética cultural es difícil, pero Rangel trató de hacerlo porque amaba a su país y quería verlo prosperar. Buscó difundir la idea de que la propiedad privada, el estado limitado, el estado de derecho, y el respeto al individuo como motor de la sociedad, los fundamentos del liberalismo –y fundamentalmente contrarios al marxismo— son condiciones conducentes a la prosperidad.

En sus programas de televisión invitaba a figuras representativas de estas ideas, como Mario Vargas Llosa, Felipe González, Jorge Luis Borges y muchos otros, algunos de los cuales pueden verse en videos de los programas en el canal YouTube de Sofia Imber. También invitaba a opositores ideológicas del momento, como Teodoro Petkoff, José Vicente Rangel, o el líder del PCV Hector Mujica, y otros para presentar y debatir estas ideas. De esta manera creó ejemplo de debate democrático en una región frecuentemente golpeada por fuerzas antidemocráticas.

Tenía un optimismo equilibrado y racional, como lo demuestran por ejemplo su discurso ante la primera promoción en 1984 del Programa Avanzado de Gerencia del Instituto de Estudios Superiores de Administración, en Caracas,[3] o su discurso en la inauguración del laboratorio académico de investigación liberal, CEDICE en 1984. Pero la fustigante acusación a la clase empresarial en su discurso ante la Asociación Venezolana de Ejecutivos en 1983 de complicidad con el macro-estado empresarial, sus advertencias sobre los peligros del estatismo desmesurado y falsas revoluciones en una entrevista televisiva con Marcel Granier también en 1983, y el epilogo al libro DBSBR en 1986 demuestran su cautela, si no advertencia, ante los peligros contra la democracia y la posibilidad de un grave retroceso, tanto en el país en particular, como la región y el mundo en general.

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5) ¿Está disponible el libro en la actualidad?

Si, actualmente se puede descargar este libro, y sus otros dos libros, a través de la “Biblioteca Carlos Rangel” de CEDICE Libertad, el laboratorio de investigación académica en Caracas del cual él fue miembro fundador honorario. En edición impresa el libro está disponible por la Fundación para el Progreso, en Chile, y por la del Instituto Bruno Leoni de Milán, en idioma italiano. Hay conversaciones para una traducción al inglés que saldría en el 2026. Quisiéramos lograr ésta con motivo del 50 aniversario del libro.


El libro se publicó en 1976. En 1986, salió su segunda edición en inglés con algunas revisiones y su “Post Scriptum” o epílogo. 1996 no fue marcado con mayores eventos, En el 2006, salió la edición con el epílogo por Carlos Alberto Montaner, “Un libro que también es una bandera”. En el 2016 entre CEDICE, el Interamerican Institute for Democracy, y FIU organizamos un evento en Miami, que incluyó el estreno de un documental por Cinesa/Bolivar Films acerca de la vida de mi padre. El año que viene CEDICE está organizando una serie de eventos, incluyendo otra conferencia, seminarios didácticos, concursos de ensayos y otras actividades por determinarse. Cualquier persona, medio o centro de investigación que quiera incorporarse a esta conmemoración están invitados de antemano. Para esta ocasión también se han estado actualizando los datos en Wikipedia acerca de la biografía y libros de Carlos Rangel.

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6) ¿Cuál se puede decir es la continuidad temática de Rangel en su obra y vida?

Su hilo conductor fue sentirse con el deber moral de decir la verdad y defender la libertad, denunciando falsedades que deforman la realidad y amenazan la democracia.

Mi padre se veía a sí mismo, antes que nada, como un periodista. Fue miembro de la Asociación Venezolana de Periodistas, antecesora del Colegio Nacional de Periodistas, enseñó en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela y mantuvo su cargo de profesor titular durante décadas. Sus primeros esfuerzos profesionales significativos surgieron en ese ámbito: fue moderador del programa televisivo Frente a la Prensa y director de la revista Momento. Desde muy joven ejerció una vocación que entendía como una responsabilidad derivada del privilegio de haber tenido la oportunidad de una buena educación y familia con recursos: la responsabilidad de respetar y difundir la verdad. ¿Qué es a fin de cuentas el periodismo si no?

A medida que crecía su reconocimiento e influencia, más se sentía con el deber de decir verdades incomodas, Ese discurso ante la Asociación Venezolana de Ejecutivos en 1983 es un gran ejemplo de eso. Allí encara a dirigentes de la clase empresarial reclamándoles su culpabilidad en la crisis económica del país por utilizar al estado como una alcancía, como un botín. De ser complacientes e incentivar a un estado creciente, otorgador y protector de prebendas, dadivas y privilegios. De ser complacientes y cómplices de una economía en donde la mejor arma competitiva es ser gran amigo del estado.

Carlos Rangel (cortesía Guillermo Aveledo C.)

Esa defensa de la verdad —dura, incómoda, directa— se convirtió en uno de sus temas vitales, reconocido por Jean-François Revel en el prólogo de Marx y los socialismos reales y otros ensayos, e interpretado críticamente por Manuel Caballero, quien lo acusó de dogmático por asumir que la verdad no debía tener contexto. Para Rangel, sin embargo, esa responsabilidad social de quienes tienen preparación e influencia era precisamente no someter la verdad a conveniencias políticas, ideológicas o sentimentales. No insertar la verdad en un “contexto” conveniente para perpetuar alguna falsedad. No mentirle a Billancourt.

Ese eje central —la obligación de decir la verdad— conduce inevitablemente a otro: la necesidad de una prensa libre, una opinión pública plural y la libertad de pensamiento y expresión. Para él, estas condiciones solo existen en una democracia auténtica. Por eso su defensa de la libertad no era meramente filosófica, sino consecuencia natural de su ética periodística: sin libertad, él no podía cumplir con su deber profesional y obligación moral; quienes reprimen la libertad impiden que él, como periodista, analista o intelectual influyente, cumpla su encargo social.

A lo largo de sus programas de televisión, comentarios editoriales, columnas y ensayos, reiteró esta idea: la libertad y la verdad dependen del coraje cívico de los intelectuales y de su disposición a enfrentar dogmas. Su tercer y último libro profundiza precisamente en este tema, analizando la valentía, cobardía o hipocresía de figuras intelectuales y víctimas inocentes ante regímenes o ideologías que exigen lealtad por encima de la honestidad. Ilustra estas tensiones con ejemplos y contrastes que van desde la intelectualidad cubana, como Heberto Padilla o Guillermo Cabrera Infante, a autores como Albert Camus, Mario Vargas Llosa, Thomas Mann y Jean-Paul Sartre.

La continuidad entre la obra y la vida de Carlos Rangel fue su autoimpuesto deber de defender la libertad y la democracia para cumplir con su responsabilidad de decir la verdad. Desenmascarar falsedades, desmontar mitos, denunciar mentiras convenientes y proteger el espacio donde puede existir el debate racional no fue para él simple postura, era obligación moral profundamente asumida. Ese fue su centro.

 

Carlos J. Rangel

Carlos J. Rangel es hijo de Carlos Rangel, autor de los libros Del buen salvaje al buen revolucionario, El tercermundismo, y Marx y los socialismos reales y otros ensayos. Rangel, hijo, ha realizado una extensa labor académica y editorial sobre el legado intelectual de su padre. Ha organizado conferencias sobre Carlos Rangel en universidades junto con prestigiosos laboratorios de investigación académica, ha presentado ponencias sobre Rangel en centros de investigación en Italia y Argentina, ha contribuido a un documental sobre su vida llamado Carlos Rangel: Ésta es su vida, esta su libertad, escribió una introducción biográfica a la nueva edición brasileña del libro DBSBR en 2019, la cual ha sido incluida en ediciones posteriores, y ha publicado artículos sobre el legado de Rangel en los principales periódicos nacionales venezolanos, aparte de en su propio blog, carlosjrangel.com.

Recientemente, y con motivo de acercarse el 50 aniversario del libro fundamental de la obra de Rangel, ha estado actualizando las páginas Wikipedia dedicadas a la vida y obra de su padre. Esto lo hecho en conjunto con CEDICE Libertad, el centro de investigación liberal en Caracas, y académicos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

El libro más reciente de Carlos J. Rangel es Mitos de nuestra humanidad: relatos de siempre para hoy (2024), que explora el conflicto permanente entre las ansias de libertad y la persistencia del autoritarismo reflejado en mitos, relatos y leyendas. Sus libros anteriores son La Venezuela imposible (2017), un análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela, y Campaign Journal 2008 (2009), sobre tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. en el marco de la exitosa campaña insurgente de Barack Obama en el 2008.



[1] Daniel P. Moynihan, «Social Policy: From the Utilitarian Ethic to the Therapeutic Ethic», en The Americans: 1976, ed. Irving Kristol y Paul H. Weaver (Lexington Books, 1976), 25–50.

 

[2] Mitos de nuestra humanidad: Relatos de siempre para hoy. Carlos J. Rangel (2024). Relatos de Tierra Firme, Santa Clara, CA

[3] Disponible en el libro de Carlos Rangel Marx y los socialismos reales y otros ensayos, bajo el titulo “El Nuevo país”.


Carlos J. Rangel
threads: cjrangel712

Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autoritarismo en mitos, relatos y leyendas populares (2024) 
Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)

sábado, 11 de octubre de 2025

MITOS, LIBERTAD Y VENEZUELA: UN DIÁLOGO NECESARIO

(A propósito del libro: Mitos de nuestra humanidad - Relatos de siempre para hoy)

Resumen breve

En este ensayo se prolonga la conversación entre Carlos J. Rangel y el Dr. Asdrúbal Aguiar originada por el libro Mitos de nuestra humanidad (2024), y es en respuesta al ensayo “Mitos que conspiran contra la libertad en Venezuela”, del Dr. Aguiar. Ambos autores conciben el mito no como falsedad, sino como raíz cultural e imaginario político. Coinciden en que los mitos de El Dorado y el milenarismo moldearon las esperanzas redentoras de América Latina. El Dr. Aguiar en su nuevo ensayo incorpora el mito de Sísifo a la conversación, describiendo a la historia venezolana como un ciclo de recomienzos y frustraciones democráticas.

Rangel desarrolla su perspectiva a través de tres grandes mitos nacionales: El Gendarme Necesario, que legitima al caudillo; El Desposeído, que convierte la pobreza en virtud política; y El Delincuente Obligado-Revolucionario, figura moderna del poder como transgresión. Estas narrativas, heredadas de guerras fratricidas y del “militarismo genético” del país, ayudan a explicar la persistente dependencia venezolana del líder fuerte y el Estado paternalista.

El autor de Mitos de nuestra humanidad propone superar el destino sisifiano mediante la creación de un nuevo mito: La Libertad, inspirado en el ideal republicano de Bolívar en Angostura. Así, el bagaje cultural deja de ser condena y se convierte en herramienta de renacimiento moral y cívico, capaz de despertar al país de su ciclo de constante repetición histórica e iniciar una cultura democrática de dignidad, igualdad y razón.

MITOS, LIBERTAD Y VENEZUELA: UN DIÁLOGO NECESARIO

El Dr. Asdrúbal Aguiar ha tenido la gentileza de utilizar mi libro más reciente para escribir un gran ensayo, “Mitos que conspiran contra la libertad en Venezuela,” para la Revista Hispanoamericana de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras.1 Su ensayo pudiera calificarse como una continuación del diálogo iniciado con nuestra conversación sostenida en META Miami en 2025, durante una presentación pública de mi más reciente libro.2 Los ensayos del blog “Mitos en META I,” y “Mitos en META II (Los mitos fundacionales de Venezuela)” parten de ese diálogo iniciado en la galería de arte. El ensayo del Dr. Aguiar lo mantiene.

Es importante despejar el uso del concepto de mito en el contexto de este nuevo aporte al dialogo. Tanto el Dr. Aguiar como yo estamos utilizando el concepto de mito como raíz de nuestra civilización y cultura. Relatos y figuras que de cierta manera ilustran las ideas e imágenes comunes que conforman nuestra herencia cultural y forman o describen el carácter de una nación o civilización. Ni él ni yo usamos la palabra en el sentido de “mentira”, raíz de la palabra mitómano, el ocultamiento de la verdad, común entre inescrupulosos, frecuente entre políticos – quienes incluso a veces se creen sus propias mentiras.

Coincidimos el Dr. Aguiar y yo en calificar el mito de El Dorado y el Milenarismo como fundacionales. Estos son definitorios de la civilización occidental (hago referencia a su universalidad mediante uno de estos en mi libro: el simple cuento de La Cenicienta – una indigente que a través de fuerzas superiores y un redentor logra la felicidad para siempre), Ese Dorado del pasado y vida futura feliz están detrás de las promesas de redención del marxismo, que tan nocivas han sido para el desarrollo económico de la región y, por supuesto, Venezuela.

Coincidimos también el Dr, Aguiar y yo en que los héroes son un producto del medio cultural. Los llamados héroes son figuras clave en una transición, generalmente política, a veces religiosa. En mi libro utilizo el mito de la Gorgona y Perseo, quien pone su propia supervivencia en riesgo casi insuperable a favor del bien común.  Los héroes son importantes en cualquier cultura y surgen por lo general durante períodos de transición entre un paradigma de gobernanza y uno nuevo – o la defensa del existente ante el reto del nuevo. El héroe será ungido por el paradigma vencedor. Pero si en el futuro el vaivén de la historia voltea el paradigma, los héroes de ayer serán los villanos de hoy y viceversa. En mi capítulo acerca de héroes, traidores y cobardes (y en mi única referencia extensa y directa a Venezuela en el libro, salvo un breve in Memoriam a Oscar Pérez algunas páginas antes, y un epígrafe posterior) uso el caso de Francisco de Miranda y sus reveses de fortuna. He aquí una coincidencia inesperada con el nuevo ensayo del Dr. Aguiar.

El libro Mitos... se centra en el eterno conflicto humano entre la razón y la emoción manifestado políticamente con el conflicto entre democracia y autocracia. Surgida en su forma moderna de la revolución liberal, y a su vez de la ilustración, la democracia es una respuesta racional al problema de gobernar una sociedad en la que cada miembro tiene derechos naturales por igual, y existen múltiples intereses disimiles. La autocracia es un sistema que, legado desde la antigüedad (y de la “ley del más fuerte”), gobierna suprimiendo esa igualdad de derechos a favor de los intereses de una elite privilegiada, frecuentemente motivada por emociones básicas y racionalización interesada. Parece existir un ir y venir histórico entre experimentos en democracia y dominio de autocracias. Con la mirada sobre la historia de Venezuela el Dr. Aguiar propone algo más allá, equiparando el esfuerzo de los demócratas al esfuerzo de Sísifo, empujando hasta llegar a la cumbre de la montaña para ver sus ideales derrumbarse poco después. Un revés de fortuna política constante para la sociedad. Lo describe así en dos pasajes:

La tragedia, sin opciones a la vista, la de la deconstrucción de la república que al cabo nos ha pulverizado como sociedad, decantando en la presencia del mal radical y que lleva algo más de 30 años, a partir de 1989 —no nos olvidemos de El Caracazo—como en el «Mito de Sísifo» nos devuelve a la hora germinal, al constante y vicioso recomienzo.  

El vicioso recomienzo, el siempre hacer todo de nuevo, borrón y cuenta nueva, un ciclo enfatizado en este segundo pasaje:

…le escuchaba decir a mis mayores que era Venezuela, justamente, ese cuero que se pisa por un lado y se levanta por el otro, es decir, la de un ser que busca su ser sin alcanzarlo o que se encuentra condenado al repetido «Mito de Sísifo» tras el trauma de su emancipación violenta y fratricida. ¡Es como querer renovar esa emancipación y a la vez enmendarla, en cadena, sin solución de continuidad, cada día, a cada hora, cada vez que nos molestamos con el gendarme de ocasión e innecesario!

Precisamente, de esta tortura insufrible originada en cada lucha fratricida en nuestros territorios, surge el deseo, la tentación, de tener un héroe, un caudillo, un líder que acabe con el desorden, ponga orden y pare las pugnas; de allí surge el primer gran mito fundacional autóctono: El Gendarme Necesario.


BOLÍVAR Y EL HOMBRE FUERTE

El Dr. Aguiar ubica acertadamente el mito fundacional venezolano del Gendarme Necesario y su origen en la exaltación del Libertador, Simón Bolívar. Mucho se ha escrito acerca de Bolívar: libertario, autoritario; demócrata, autócrata; soldado, ciudadano. Su prolífica obra escrita, y ejecutada, genera un sin número de interpretaciones. Hay coincidencias y divergencias en la interpretación de Bolívar que tenemos el Dr. Aguiar y yo, pero las coincidencias acerca de su impacto sobre el mito del hombre fuerte son absolutas. Ese es el primer gran mito originario de la nación venezolana, que, a fin de cuentas, vio nacer en su territorio a esta figura histórica.

Nos describe el Dr. Aguiar cómo la semilla libertaria de los precursores y fundadores de la primera republica se enfrenta al lado autoritario de Bolivar, reflejado claramente en su “Manifiesto de Cartagena”. Este documento es su Prueba No. 1 del afán aristocrático y antidemocrático de Bolívar.

La pérdida de la Primera República sin lugar a duda generó numerosos dimes, diretes y acusaciones cruzadas, a las cuales el futuro Libertador seguramente no fue inmune, en particular por su participación en la entrega de Miranda a las fuerzas del Imperio Español. Cuando Bolívar acusa a los forjadores de “repúblicas aéreas” de debilidad ante enemigos y conspiradores, e ingenuidad ante la realidad de la guerra puede ser que buscase exoneración o distracción de su propia culpa; pero la historia la escriben los vencedores.

Hay algo de cierto en esa acusación a los líderes de la Primera República; después de todo Monteverde entró a la provincia de Coro con un puñado de cien aventureros y entró a Valencia con un ejército de miles de soldados.3 La clase dirigente de la república, la cual incluía a Bolívar, no buscaba revolucionar la condición del país (lo cual, si querían “el hijo de la panadera” advenedizo,4 y los libertarios originales), sino independizarse del imperio para manejar el territorio a su antojo. Surgen facciones con intereses encontrados, tal vez irreconciliables, entre provincias, ciudades y clases. Aquellos sin privilegios no querían mantener su misma situación existente bajo un gobierno distinto y la independencia era impopular entre ellos; muchos de estos serán los mismos que después se unirán a Boves -y luego a Zamora- buscando cambiar su situación de opresión sin libertad.

Mantener el dominio y legado mantuano, suprimir libertades y facciones provincianas de intereses opuestos hizo sucumbir a la Primera República (aparte, según Bolívar, de la ruina del tesoro público por un estado innecesariamente grande). Aun cuando luminarias liberales como Miranda, Roscio y Toro buscaron crear una república con libertad, la presión para mantener los privilegios mantuanos y provinciales creó divisiones que debilitaron la república. El significado de las palabras lo dice todo: en Venezuela y Latinoamérica esas guerras fratricidas las llamaron comúnmente la Guerra de Independencia, mientras que en las colonias británicas del territorio que será los Estados Unidos se llamó la Guerra Revolucionaria (The Revolutionary War).  

La Prueba No. 2 acerca del autoritarismo de Bolívar que nos presenta el Dr. Aguiar en su ensayo no es tan contundente como la primera: el Discurso ante el Congreso Constituyente de Angostura

Bolívar presenta ante este Congreso el resultado de sus análisis y reflexiones sobre la mejor manera de gobernar, estudiada desde los griegos hasta la nueva nación al norte, matizados por su experiencia como el guerrero que decretó la guerra a muerte, y después la derogó. Comienza Bolívar su discurso agradeciendo que el Congreso Constituyente le releva del cargo Dictador Jefe Supremo de la República, liberándole de la “inmensa autoridad que me agobia”. Propone Bolívar un gobierno con tres poderes representativos y un cuarto poder moral.5 Cierto, hay visos de aristocracia en su propuesta de una Cámara Alta modelada por la Cámara de los Lores de Inglaterra, pero esta propuesta representa un contrapeso contra su otra propuesta de un fuerte ejecutivo unitario, constituyéndose una continuidad institucional que atentaría contra ese posible Sísifo que reinventa cada generación o dos la mejor manera de gobernar.6 La manera de seleccionar los miembros de esa cámara alta, como agradecimiento y recompensa a los héroes de la guerra, es también una maniobra política para apaciguar guerreros ambiciosos tentados a levantarse contra la nueva república.7

Como estudioso de modelos de gobierno, posiblemente Bolívar origina su concepción del amplio poder ejecutivo en la primera frase del Artículo 2 de la Constitución de los EE.UU.: “El Poder Ejecutivo reside en el presidente de los Estado Unidos”. Esta frase ha sido debatida desde su propuesta inicial hasta el día de hoy por implicar un amplio e indefinido poder que, bajo manos inescrupulosas, puede ser abusado e imperial. El Dr. Aguiar refleja ese debate cuando argumenta que Bolívar “bebe de las aguas que nutren el derecho divino de los reyes” al proponer un ejecutivo cuasi-imperial, a su parecer. Pero el Discurso de Angustura tiene plenitud de semillas de liberalismo democrático, por ejemplo:

“Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder”.  

“Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo: la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios.”

Mas adelante, recontando formas de gobierno sustentable le recomienda a los Constituyentes modelar el gobierno venezolano siguiendo el modelo británico, pero…

Cuando hablo de Gobierno Británico sólo me refiero a lo que tiene de republicanismo, y a la verdad ¿puede llamarse pura monarquía un sistema en el cual se reconoce la soberanía popular, la división y el equilibrio de los poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta, y cuanto es sublime en la política? ¿Puede haber más libertad en ninguna especie de república? 

Su defensa del poder del ejecutivo es elocuente argumentando, esencialmente, que un individuo se enfrenta por sí solo a una gran muchedumbre que quiere arrebatarle su capacidad de decisión. Es por eso que, institucionalmente, propone que la persona encarnando al poder ejecutivo debe tener gran poder. Ese debate entre el gran poder del ejecutivo unitario como contrapeso al del legislativo multitudinario (como el debate surgido por el Artículo 2 en los EE. UU.) lo dirime con la supremacía del judicial y la institucionalidad de la Cámara Alta, todos bajo el escrutinio permanente del Poder Moral. Lo que algunos ven como autoritario y aristocrático, otros ven como institucionalmente robusto.

Reconoce Bolívar la característica “sisifiana” que identifica el Dr. Aguiar en sus tesis acerca de la fragilidad democrática cuando hace la pregunta: “¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad, y permanencia?” Reconoce también que los gobiernos que han perdurado más han sido imperios, de entre los cuales utiliza el Romano, el Español y el Británico en su exposición de motivos. Destaca, sin embargo, primero, los intentos infructuosos de incorporar republicanismo en el Imperio Español8 y, segundo, la transformación republicana exitosa por el Británico. Utiliza su narrativa histórica para el aprendizaje, no para la mímica.

El corolario que se puede extraer del Discurso de Angostura y la afirmación de que “el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política” es que, para El Libertador, ese gobierno es una república, con una robusta división de poderes sujetos por contrapesos, institucionalidad definida, derechos universales de igualdad política y jurídica, y elecciones periódicas. Es decir, una república liberal democrática. La animosidad de Bolívar en contra de los fundadores legisladores de la primera república, manifestada desde Cartagena y ratificada en Angostura no lo descalifica, sino que precisamente lo convierte en interlocutor del debate democrático.

Podemos igualmente analizar los visos aristocráticos / autoritarios contrapuestos a una interpretación acerca de los peligros de los mismos en la Prueba No. 3 que presenta el Dr. Aguiar: La Carta al General Flores, en conjunto con la dirigida a Esteban Palacios. De hacerlo, sin embargo, se alargaría demasiado este argumento, y se desviaría del punto principal: el origen del mito del Gendarme Necesario y su impacto sobre la historia política de Venezuela. Lo mas importante es establecer que Simón Bolívar es un héroe que sirve para todo, y repetidamente ha sido utilizado por hombres fuertes para justificar la espada en lugar de la levita.

(para otras reflexiones sobre el Discurso ante el Congreso de Angostura véase también "La República Bolivariana" y "Carta a Carlos Alberto Montaner")

OTRA VEZ SÍSIFO

El Gendarme Necesario fue codificado por Laureano Vallenilla Lanz como apología al régimen tiránico de Juan Vicente Gómez. La leyenda del hombre fuerte que impone el orden se consolida cuando Gómez solidifica la nación, que hasta entonces era levantisca por los cuatro costados: el cuero seco al que se refiere el Dr. Aguiar. La Revolución Libertadora había sido el último enfrentamiento abierto fratricida entre venezolanos y no habrá otro sino hasta la Lucha Armada, en los años 60, al inicio de la era democrática moderna –y posteriormente durante la transición sangrienta del chavismo imponiendo su dominio hegemónico a principios del S. XXI, transición que costó más de 25.000 vidas segadas con la violencia impulsada por el odio de clases.

Tomando en cuenta que la nación se consolida bajo un gobierno centralista fuerte (como el que Bolívar dice que es necesario en un primer momento para controlar las bandas de maleantes que azotan el territorio, es decir, concentrar el monopolio de la violencia en el estado) se entiende al gobierno de Gómez como necesario para construir el país que viviremos el resto del S. XX. También se pone en perspectiva la figura de Eleazar López Contreras y su lugar en la transición hacia un país moderno. Es así que llegamos a la identificación de los tres grandes mitos fundacionales que forjan a la Venezuela del S. XXI: El Gendarme Necesario, con sus raíces en el bolivarianismo de espada, El Desposeído, instrumento del marxismo-leninismo y la guerra fría, y que es personificado en el país como Juan Bimba, y el Delincuente Obligado-Revolucionario, ideado por Hugo Chávez como instrumento para subvertir la sociedad e instituciones de la Cuarta República. Estos tres mitos son discutidos con mayor profundidad en el ensayo “Mitos en Meta II”, pero ¿cómo son matizados por el mito de Sísifo?

Los mitos occidentales de El Dorado y del Milenarismo son claras raíces de estos tres mitos fudacionales de Venezuela. Sísifo tal vez no tanto, pero en el discurso de presentación de mi libro La Venezuela imposible (2017), ante el Interamerican Institute for Democracy (IID), me aproximo a la imagen revelada por el Dr. Aguiar: 

“Me acuerdo que, hace alrededor de un año, la gran cantautora Soledad Bravo decía en un foro, aquí mismo, que le encantaba ver el Ávila, la montaña esa que se impone espectacularmente sobre el valle de Caracas. Decía ella que le encantaba verlo porque el Ávila con frecuencia tenía incendios y derrumbes, pero que siempre estaba allí, perduraba, reverdecía, siempre verde de nuevo. Eso, a fin de cuentas, es lo que quisiéramos ver en Venezuela. Pero realmente, y contemplando ese Ávila, ¿es que vivimos en eso, un ciclo recurrente de destrucción y reverdecer?”

Y mas específicamente, con la repetida imagen de destrucción y reconstrucción del país que nos presenta el Dr. Aguiar en su ensayo:

Sería raro que uno tirase tres piedras a una muchedumbre de venezolanos y no le diera a dos personas en cuya ascendencia hubo coroneles, generales o caudillos en las llamadas gestas heroicas de la historia del país—la guerra de independencia, las guerras federales, las batallas contra el Cabito Castro, contra Gómez, Pérez Jiménez, o en la lucha armada. Salvo inmigrantes muy recientes, ese es el caso típico. Posiblemente allí se encuentre ese “militarismo genético” del cual hablaba mi amigo…

…Y es que esa era la realidad hasta hace apenas dos generaciones, los pocos venezolanos que habían, porque la población no era tan numerosa, eran sobrevivientes. Sobrevivientes de pugnas fratricidas feroces que masacraron un tercio de la población dejando leyendas de guerreros en familia. Pugnas que dejaron reconcomios tribales subyacentes, fácilmente explotables por algún populista advenedizo.

Sobrevivientes también de una naturaleza inhóspita, cundida de enfermedades y una vegetación y aguas que lo arrasan todo. Entre los enemigos más debilitantes de los guerrilleros durante la lucha armada estaban la enfermedad y el hambre, acechándolos en esas montañas y montes aislados.

Los sobrevivientes de guerras, enfermedades, hambrunas y miserias necesitan esa mano fuerte y noble que los guie a través de su debilidad y recuperación.  La dependencia del sobreviviente ante el líder es natural, y es la que ha signado la historia de Venezuela. Cada nuevo ciclo de sobrevivientes ha dependido de un nuevo líder redentor con una nueva generación de expectativas, eventualmente irrealizables.  Me temo, tengo miedo, que pronto veremos un nuevo libertador o elegido liderando los sobrevivientes de la actual miseria venezolana.

Desde las montoneras de Monteverde, Boves y Zamora, hasta los Colectivos de Chávez, el afán fratricida en este país de sobrevivientes es recurrente. El desposeído no es una invención leninista impulsada por el estalinismo, es el vocablo de un sentimiento canalizable por algún nuevo libertador o elegido con ansias de poder. El temor es que el ciclo sisifiano no sea entre demócrata libertarios y autoritarios de toda estripe, como indica el Dr. Aguiar, sino entre destrucción y reconstrucción por hombres fuertes de turno.  En aquel discurso hago la pregunta retórica: ¿Acaso una sociedad entera puede tener [la condena de una aterradora reencarnación permanente]? ¿Vivir y reencarnar de esa manera, cometer los mismos errores, siempre los mismos? ¿Nunca ‘despertar’?”

Hugo Chávez y otros lideres transformadores nos pueden dar pistas, o incluso la clave para despertar. Chávez tuvo la capacidad de actualizar y transformar a su conveniencia el mito del desposeído al mito del delincuente revolucionario, fundamental para el chavismo. Lo que esto significa es que es posible usar nuestra herencia cultural e histórica para crear nuevos mitos poderosos y transformadores. ¿Es acaso descabellado pensar en recrear los ideales de libertad y democracia de la Promera Republica? ¿La que concibieron esas levitas salidas de la Pontificia Universidad de Caracas, llamada de Santa Rosa de Lima y del Beato Tomás de Aquino? Ahora que la nación está consolidada, ¿se puede rescatar la concepción de la república liberal democrática que describe Bolívar ante el Congreso de Angostura? ¿Podemos concebir el mito de la libertad—esa condición bajo la cual el ser humano tiene la oportunidad de desarrollar plenamente su capacidad como tal? ¿Es este el nuevo mito que nos conducirá a una tierra prometida con paz, prosperidad y democracia?

La nación venezolana requiere de un cambio paradigmático de su modelo existencial para poder prosperar como un pueblo unido, una ciudadanía activa, una gente con futuro. El hombre fuerte que encabeza un capitalismo de estado paternalista y clientelar ha sido el modelo que ha llevado el país a la ruina, miseria, enfermedad, empobrecimiento, muerte, terror, desconfianza, división, fratricidio, esclavitud física y moral… todos los males de Pandora. El ciclo recurrente de Sísifo no conduce sino a la oscuridad y la desesperación. Bolívar en Angostura nos señala la importancia de aprender de los errores del pasado, los intentos de las democracias antiguas, los imperios exitosos, los experimentos recientes, no como ciclos recurrentes sino como lecciones para mejorar el futuro y romper el ciclo. Para Bolívar, nos da a entender, una república democrática liberal es el “gobierno más perfecto”, a sabiendas que es frágil y que el camino para llegar a ese gobierno no es fácil:

“…son rarísimas las [naciones] que han sabido gozar algunos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos; porque son los pueblos más bien que los gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía. … miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutela de leyes dictadas por su propia voluntad. …

Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad; pero, ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad, y permanencia?” 

Nos recuenta Bolívar desde Cartagena los errores de la Primera República, y advierte (y en Bolivia trata de implementar) que para consolidar una nación hay un periodo de dureza y tiranía. Hemos consolidado el país, hemos recorrido una parte del camino difícil. Esa es la fundación sobre la cual el nuevo país, surgido de las cenizas de la presente tiranía renacerá. No para sucumbir nuevamente, sin haber aprendido de los errores, sino para despertar de ellos y crear la condición donde cada quien pueda maximizar su potencial y prosperar. Tal vez fuese necesario un gendarme para consolidar la nación; tal vez los desposeídos no tuvieron libertad; tal vez el delincuente revolucionario no tuvo voz propia sino con la violencia; pero esos mitos ya no componen nación. Llegó la hora de la libertad. Los tiranos y los mitos que los sostienen serán parte del basurero de la historia. Pero...

Hace algún tiempo me dijo una persona que prefería ser analista sorprendido que optimista decepcionado. Eso, en realidad, solo lo diria una persona que quisiera ser optimista. Cuando marcar el gol esta al alcance, el arquero se contrapone, o el arco se aleja. No por eso los luchadores no mantienen su energía. Los luchadores por la democracia y la libertad son optimistas y aun a sabiendas que serán decepcionados mantienen la lucha. Saber que probablemente les espera decepción -si no inmediata, en un futuro- solo aclara la mente e impulsa el corazón. Viene Sísifo a la mente.



Aguiar Aranguren, Asdrúbal. Mitos que conspiran contra la libertad en Venezuela. A propósito del libro de Carlos J. Rangel. Revista Hispano Americana, núm. 13–14 (2023–2024). https://revista.raha.es/42B_2025.pdf  Para una versión más resumida del ensayo, véase la nota en el diario El Nacional.

Rangel, Carlos J. Mitos de nuestra humanidad: Relatos de siempre para hoy. Santa Clara: Relatos de Tierra Firme, 2024. ISBN 9798991567718. – Versión KINDLE: https://a.co/d/f1SQK6U (ISBN 979-8991567725)

El contingente acumulado por Monteverde era tal que se estima que perdió 2.000 hombres an las batallas de La Victoria. Ganó esas y más batallas.

Así se referían a Miranda.

Este “Poder Moral”, tal y como lo describe Bolívar, es equivalente a una libre, diversa y fuerte prensa independiente.

Puede interpretarse la institución de “Senador Vitalicio” para los expresidentes, establecida en la constitución de 1961, como derivada de esta propuesta de Bolívar.

Juan Vicente Gómez, a su manera, hará lo mismo menos de 100 años después, incorporando caudillos regionales a su gobierno, o exiliando y fusilando a otros.

Manifestado principalmente en la Constitución Española, “La Pepa”, que de cierta manera impulsó también al movimiento independentista en las colonias.

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Carlos J. Rangel
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