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jueves, 21 de noviembre de 2024

VENEZUELA HOY Y SU NUEVO MAÑANA

 El 21 de noviembre de 2024, El Club de la Libertad, en Corrientes, Argentina, invitó a Carlos J. Rangel a hablar acerca de Venezuela, su estado actual y su futuro. Este es el discurso / ponencia de Rangel en el evento.  


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Gracias a todos los presentes, damas y caballeros, por participar en este foro, un evento enfocado sobre el futuro y potencial de nuestras economías. Economías que enfrentan gran incertidumbre ante las tensiones por el cambio. Cambio desde un mundo esencialmente unipolar hacia uno en donde las potencias se disputan activamente los centros del poder económico y político. Esas tensiones, que parecen contradictoriamente aislacionistas e imperialistas simultáneamente, crean aperturas aprovechables, incluso para una situación como la que vive mi país, Venezuela.  La oposición venezolana le agradece mucho a Argentina su solidaridad con la causa y el albergue a nuestros compatriotas. Muchas gracias. Quiero agradecer especialmente al Club de la Libertad y a su presidente, Alberto Medina Méndez, por utilizar estos eventos para mantener viva la causa de la libertad en Venezuela, y por su invitación a que yo compartiese por algunos minutos con ustedes mis reflexiones sobre el presente y el mañana en Venezuela.

El 28 de julio de 2024 fue una fecha trascendental para Venezuela. Puede esperarse incluso que en algún futuro posible, y manteniendo esa costumbre común de nuestros países, alguna avenida, plaza o barriada sea nombrada con esa fecha; la fecha que definitivamente evidenció el anhelo indiscutible de los ciudadanos venezolanos de terminar el experimento chavista.

La propuesta chavista era cambiar las estructuras económicas y sociales del país para lograr igualdad y justicia social administrada mediante un fuerte gobierno central. Bajo esa propuesta, el gobierno central asumía el control sobre los recursos naturales y activos fijos del país, y la administración de su explotación. La propuesta se basaba sobre la premisa de que Venezuela era un país rico, rico en minerales básicos necesarios para la economía mundial. Con los amplios recursos financieros obtenidos por ese control, el gobierno podría satisfacer las necesidades de todos los venezolanos. Esa fue la promesa de Chávez.

Hay muchas razones por las cuales ese experimento resultó en un gran fracaso. Pero la razón fundamental es debido a su contradicción interna: lograr orden, igualdad y justicia mediante el control central y absoluto de la sociedad y la economía. Ese control eventualmente y necesariamente será autoritario, y es imposible lograr igualdad y justica bajo esas condiciones. No solo Venezuela ha vivido la tragedia generada por esa contradicción conceptual. Cuba, por no mencionar otros, es otro gran ejemplo en nuestro hemisferio de autoritarismos de izquierda con fantasías de utopías. Por supuesto la Unión Soviética, Corea del Norte y China Comunista son ejemplos notorios en el mundo.

Sin embargo, no debemos descartar ese otro vértice ideológico cuyos resultados igualmente resultan en fracaso: el autoritarismo de derecha. Fracaso de otra índole, pero en la misma familia. Las contradicciones estructurales de esta otra propuesta autoritaria también estancan a la sociedad enquistando oligarquías, sean civiles o militares. Esto lo hemos visto en el pasado de Latinoamérica y el Caribe: en el Paraguay de Stroessner, la Nicaragua de Somoza, el Haití de Papa Doc, hasta en el México de Porfirio Díaz a principios del siglo pasado, cuando Civilización y Barbarie se confundían fácilmente; y alrededor del mundo con el Irak de Hussein, el Irán del Chá, y tantos otros ejemplos frecuentemente citados por la izquierda y que ustedes han oído.  Hoy día incluso estamos viendo lo que podemos calificar de autoritarismo de derecha en países como Rusia y la China actual, con creciente desigualdad, tiranía y economías en descenso estructural, buscando su rescate mediante la expansión imperialista.  Al igual que las de izquierda, las élites dirigentes de derecha pretenden mantener sus privilegios eternamente, viviendo esa fantasía de Voltaire de que viven en el mejor de los mundos posibles, y que todo cambio es innecesario, indeseable y peligroso.  

Esto ocurre por igual tanto en los autoritarismos de derecha como en los de izquierda. Ambos han creado un mundo para sus élites con privilegios basados en rentas monopólicas, sean del estado o de los oligarcas, acumulando poder y activos. Un mundo que quieren mantener, conservar a toda costa; es decir son conservadores. Todo mandato autoritario es conservador, viven en su mejor mundo posible y no quieren que cambie. Venezuela tiene un gobierno conservador, al igual que Cuba. Irán, Hungría, Rusia y China. Son variaciones de la combinación mandato autoritario / capitalismo, o mandato autoritario / comunismo. Combinaciones destinadas al fracaso económico, social, conducentes a gran descontento popular con la consecuente represión totalitaria. Represión que va desde la pasiva mediante fraudes electorales y control de medios, hasta las activas con milicias, prisión, tortura y muerte.  

Hayek nos instruye para entender mejor esta dicotomía derecha / izquierda en su “Postdata a Fundamentos de la Libertad”. Hayek denuncia tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda por ser ideologías que buscan suprimir la individualidad para asumir el control de la sociedad. Ese control se basa en el supuesto de que el bienestar colectivo es mejor entendido por su élite de ideólogos que por un individuo cualquiera en búsqueda de su bienestar propio; que ciertos elementos, anhelos o “perversiones” de esa individualidad es mejor controlarlos en aras del bienestar colectivo. Por eso, esos ideólogos de derecha o de izquierda proponen leyes, reglamentos y acciones que coartan la libertad. Esa intelligentsia de izquierda o de derecha pontifica que ella es la que mejor sabe lo que es mejor para cada quien en aras del bienestar social.

Todos esos son experimentos destinados al fracaso y al rechazo, como lo demostró Venezuela el 28 de julio. Ese día la ciudadanía venezolana dijo “ya basta”. Dijo que el experimento chavista, ni nada que se le parezca, no solucionaba la desigualdad, ni mejoraba la vida, ni ofrecía futuro; dijo que el experimento chavista quebraba familias y generaba miseria; dijo, utilizando la poderosa voz del voto democrático de cada uno, que la élite chavista no merecía su confianza ni merecía gobernar. El 28 de julio, los ciudadanos venezolanos optaron por ese concepto difuso de “libertad”, uno de esos conceptos que a veces uno no sabe qué es exactamente, pero que si sabe cuándo no la tiene.

Anteriormente he tenido la temeridad de definir la libertad como la condición bajo la cual un ser humano tiene la oportunidad de desarrollar su pleno potencial como tal. Un gobierno que busca controlar a cada individuo para obligarlo a aportar su esfuerzo y mente al modelo que dicho gobierno prescribe como ideal, no es un gobierno apegado a la libertad. Contra eso, y a sabiendas que la opción era un salto al vacío, que ese voto sería el comienzo de un proceso de restauración que no sería fácil, los ciudadanos votaron masivamente y con alegría por Edmundo González Urrutia, quien simboliza y unifica el anhelo de libertad del pueblo venezolano. Venezuela optó por democracia y libertad. La oportunidad de hacer mejor vida.

La dicotomía democracia / autocracia existe desde hace siglos, y cuando el anhelo democrático ha prevalecido, la humanidad ha prosperado, ha progresado.  El afán de superación individual es una sublimación del instinto natural de supervivencia, y se manifiesta en emociones como la codicia y la ambición las cuales, de por sí, no son malas, como diría Gordon Gekko en “Wall Street”. O mejor, como argumentaría durante aquel momento del despertar liberal del S. XVIII Adam Smith: cuando existen las condiciones para que cada individuo busque, persiga, trabaje por su mejora personal, toda la sociedad mejora. Es decir, el capitalismo es un mecanismo eficiente que utiliza la libertad para mejorar la sociedad como un todo.  El capitalismo se contrapone al mercantilismo, cuyas diferencias esenciales son que el primero se basa en la creación de la riqueza, el otro en la acumulación de la riqueza. El comunismo es la manifestación moderna de la mentalidad mercantilista, enfocado en la distribución de lo que para su modelo es un recurso limitado, la riqueza, la cual extrae como renta, sea de la naturaleza o de la sociedad, hasta agotarla.

Sociedades que han experimentado con esa idea de la distribución de la riqueza como base fundamental para generar bienestar social han fracasado en esa meta, y algunas ahora experimentan con lo que se puede describir como mandato autoritario con capitalismo; Rusia, China, Hungría, e incluso, con tanteos y asomos, en Venezuela. En Cuba han habido innumerables “procesos de apertura” permitiendo microempresas y otros experimentos.

Pero bajo regímenes autoritarios, estos intentos proto-capitalistas están destinados al fracaso, solo refuerzan al régimen. He definido recientemente al mandato autoritario como aquel en donde los seres humanos sobreviven y prosperan dependiendo de los caprichos oportunistas de un régimen cuyo centro ideológico es el derecho legítimo de concentrar el máximo poder en su líder. Dicho con el viejo refrán popular, tal vez revelando alguna simpatía de nuestras culturas por el mandato autoritario: “el que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”. Pregúntenle a Jack Ma, el fundador de Ali Baba, que tal funciona eso.

Depender del capricho oportunista, de la sombra reconfortante, de un líder autoritario, aun cuando dicho líder haga aperturas hacia el capitalismo, es una propuesta peligrosa para cualquier individuo. Más aun, es ineficiente para una sociedad e insostenible a largo plazo.

Es esa combinación de democracia con capitalismo la que genera riqueza, y tiene la capacidad de renovación y regeneración que con mayor efectividad y eficiencia incrementa el llamado bienestar social. La propuesta ganadora en las elecciones presidenciales de Venezuela, la aceptada por más de tres cuartas partes de los que pudieron votar, fue democracia con capitalismo, la combinación que ha generado la mayor prosperidad de las naciones y el mundo desde su surgimiento en el S. XVIII.

En conversaciones y comunicaciones con ciertas personas del liderazgo opositor mucho antes y después del 28 de julio, estábamos claros de que las elecciones presidenciales, aun siendo clave, no eran sino un paso, una etapa más en la restauración de la democracia en Venezuela, al igual que lo había sido el 22 de octubre del año pasado, el día en que las primarias opositoras ratificaron la dirigencia indiscutible de Maria Corina Machado como su líder. Desde hace más de dos años ya habíamos planteado la necesidad de obtener la prueba en las mesas electorales de la victoria de la oposición democrática en las elecciones presidenciales. Esta estrategia, implementada tácticamente con los “comanditos” recabando evidencias, ha demostrado fehacientemente, ante cualquier persona u organismo independiente, que Edmundo González Urrutia es el presidente legítimamente electo de Venezuela.  Desde la noche del 28 tengo la costumbre de revisar periódicamente la página web del Consejo Nacional Electoral, del CNE. Aquel día la página se cayó alrededor de las 8PM, si recuerdo bien. El régimen culpó a la oposición de hacer un jaqueo que había tumbado la página. Esa excusa, o revela una ineptidud abismal por el equipo técnico del CNE, y sus aliados internacionales, o es una mentira más grande que cualquier nariz imaginable de Pinocho puesto que hasta el día de hoy, casi cuatro meses después, sigue caída esa página.   

La estrategia para llegar hasta el final se mantiene en pie. Todas las piezas están donde deben estar y están encajando como deben encajar. El régimen ha reaccionado a la revelada desnudez de su descarado fraude con el desespero y temor de una bestia acorralada, lanzando gruñidos, zarpazos y dentelladas. Sus 200 presos políticos de costumbre, por coincidencia el mismo número que mantenía el tirano Rosas, los ha multiplicado por diez. Actualmente en las cárceles, mazmorras, y sótanos ocultos de la tiranía hay alrededor de 2000 personas detenidas con cargos espurios de incitación al odio, a la violencia y al terrorismo, cargos levantados por alzar su voz defendiendo la soberanía popular manifestada el 28 de julio. A esos 2000 se le suman centenares, miles de personas atemorizadas, refugiadas, exiladas por la persecución del régimen, por estar “en la lista”; persecución y prisión que ha resultado en muertes, escalando la violencia criminal del régimen. Recordando a Winston Churchill, ante la lucha contra la sanguinaria tiranía solo puede prometerse sangre, trabajo, lágrimas y sudor hasta lograr la victoria, la libertad. Estos héroes venezolanos son héroes de la libertad.

Por favor, un momento de silencio para los caídos.

La comunidad internacional ha sido pieza clave en debilitar y deslegitimar al régimen. El desconocimiento, incluso por supuestos aliados vecinos, del resultado "oficial" de las elecciones se mantiene como columna principal de la fuerza opositora; los homenajes y reconocimientos internacionales a la líder opositora fortalecen su posición como tal; la diplomacia experta del presidente electo en países y organismos internacionales acorralan cada vez más a las élites de la tiranía.  No voy a decir en este foro que hay negociaciones en curso con algunos miembros de esas élites tiranas. No lo voy a decir.  Las elecciones presidenciales en los EE.UU. hace unas semanas aclaran vías en esas negociaciones que no están ocurriendo con algunos miembros del régimen; esos que ven con anhelo alguna playa distante y tranquila, con familiares y amigos cercanos a su lado, lejos de hogueras, horcas y muchedumbres enardecidas. Aquellos dentro de las élites del régimen que no ven esa negociación, que no está ocurriendo, es probable que pronto se percaten de que rechazaron una oferta que no podían rechazar. Porque ya están del lado equivocado de la historia.

Esquilo, hace unos dos mil quinientos años, nos decía: “es enfermedad que llega con toda tiranía, la de no confiar en amigos”. Sabemos por qué.

La historia nos ha demostrado que la combinación democracia / capitalismo es la combinación que genera mayor prosperidad. La historia nos ha enseñado también que la democracia es un torbellino de ideas permanente, un agitar creativo indetenible, un ir y venir circular de propuestas, riñas entre lideres con opiniones contradictorias; una apariencia de caos constante, con contiendas electorales donde los vencedores se creen dueños de la razón, la verdad y el mundo, y los perdedores se rasgan las vestiduras y se halan los cabellos -- hasta la próxima elección.  

Ante el caos y la incertidumbre permanente de la democracia la ilusión del mandato autoritario que promete orden y certeza es tentadora. Todo aquel que dice o escribe que la democracia está en peligro tiene razón, siempre. Pero la democracia vale la pena; la historia nos ha enseñado que es ella en combinación con la libertad la que genera paz y prosperidad en las naciones, y por eso vale la pena luchar por ella. Todo esto nos hace recordar nuevamente a Churchill, quien calificaba a la democracia como el peor de los sistemas de gobierno, salvo todos los demás.  

Las élites del régimen venezolano, esas élites conservadoras, mercantilistas, monopólicas, tiránicas que pretenden aferrarse al poder y someter al país están del lado equivocado de la historia. Su visión de su mejor mundo posible se derrumba y algunos todavía le hacen caso cándidamente al bla bla bla del profesor Pangloss, todos los profesores Pangloss en sus medios. Pronto despertarán en el nuevo mañana de Venezuela, el nuevo mañana; porque la historia también nos ha lo enseñado: tiranías eternas no son.

Muchas gracias.

VIDEO DE LA PRESENTACION EN LA CONFERENCIA:




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Carlos J. Rangel
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domingo, 11 de agosto de 2024

LA LUZ DE LA LIBERTAD

En las primeras semanas de enero de 1958 mi tío fue detenido por la Seguridad Nacional, la policía política del régimen de Marcos Pérez Jiménez.  El primero de enero de ese año había ocurrido un fallido intento de golpe por un grupo de militares con simpatías comunistas (era la época de la Guerra Fría), encabezado por el Coronel Hugo Trejo.

En los sótanos del palacio presidencial de Miraflores, mi tío me relató que hizo amistad con gran cantidad de futuros dirigentes de la democracia venezolana, los cuales habían sido recogidos como parte de la represión iniciada tras ese intento de golpe, y como respuesta del régimen ante la creciente inestabilidad política. La oposición civil clandestina organizó en esos días, mediante volantes impresos en mimeógrafos clandestinos y pintas en la calle, una huelga general y otras movilizaciones que el régimen trató inútilmente de reprimir. La caída ocurre cuando en la Escuela Militar los cadetes se organizan en contra del régimen, el tirano ordena al ejército disparar contra los cadetes, y los comandantes del ejército desobedecen la orden.

El 23 de enero de 1958 amanece Venezuela sin dictador. Las puertas de las mazamorras se abren, y mi tío ve el sol brillar nuevamente.[1] Lo que la oposición civil y la disidencia militar no habían podido lograr por su cuenta, derrocar al régimen, se logró cuando ambos se unieron con el fin de derrocar una tiranía corrupta y autoritaria cuyos líderes ponían sus intereses propios por encima de los intereses de la nación, iniciándose así la era del experimento democrático de Venezuela que duró cuarenta años.

Debido a que a ese régimen no le interesaba realmente la nación venezolana, la falta de una transición ordenada resultó temporalmente en violencia callejera y anarquía, con la consecuente sangre derramada, en su mayoría de adeptos al régimen que no pudieron embarcarse clandestinamente a un exilio dorado.

El régimen que actualmente azota las libertades y los derechos de los venezolanos ha emprendido una ola de represión y encarcelamiento arbitrario que supone es una demostración de fuerza, cuando lo que demuestra es su debilidad. Supone, que al igual que en Cuba suponen sus líderes, lo que hace falta es unos cuantos perros ladrando para conducir un gran rebaño de ovejas. Subestima el régimen la capacidad de una nación que canta y entiende la letra de su himno nacional, cantando vigorosamente estrofas como “abajo cadenas” y “el pobre en su choza, libertad pidió” al igual que la temporalidad del “vil egoísmo”. Subestima el régimen a una nación que prende una vela, enciende una luz, que no apagará hasta que la libertad regrese para todos los prisioneros políticos.

La tragedia venezolana bajo la satrapía actual toca de manera personal a cada uno de nuestros ciudadanos, algunos más de cerca que a otros, y algunos más trágicamente que a otros, aunque ninguna tragedia personal es pequeña. Recientemente una persona con la que he interactuado frecuentemente durante los últimos cinco años o más, y le tengo afecto hasta paternal, fue apresada de manera escalofriante e injustificable por esbirros del régimen. Hasta hoy está desaparecida. Sus logros en la lucha por la libertad han sido crecientes durante ese periodo en que la he conocido, y es una joven que, para mí, representa el futuro posible de Venezuela, con amor de patria (y del beisbol). No quiero minimizar de ninguna manera la importancia de cualquier otro preso político, desde Rocío San Miguel hasta Freddy Superlano, Dignora Hernández y Henry Alviarez, o los recogidos por demostrar su patriotismo en cualquier marcha estas semanas. No quiero minimizar la tragedia personal que representa estar asilados y asediados en la embajada de Argentina, con incertidumbre diaria acerca de las intenciones del régimen; de ninguna manera quiero que se olviden a los más de 20.000 caídos por violencia del régimen, desde Bassil Da Costa, y tantos otros más derramando sangre en el asfalto de protestas cívicas, incluyendo un primo de mi esposa, hasta los asesinados por las PLO como venganza hamponil y consolidación del poder de pranes aliados al régimen. Para mí, sin embargo, la detención de María Oropeza es casi como que me hubiesen secuestrado a mi hija. Enciendo mi vela de libertad por ella y, con ella, por todos los otros detenidos arbitrariamente y sin debido proceso bajo leyes apegadas a derechos civiles y humanos básicos bajo cualquier definición de sociedad civilizada.


#PrendeUnaLuz #EnciendeUnaVela

VIDEO DE MARIA OROPEZA ENTREVISTANDO A CARLOS J. RANGEL




[1] La ola de detenciones políticas y arbitrarias desatada fue contraproducente para la estabilidad y resaltó la profunda ilegitimidad del régimen ante sus mismos partidarios. Mi tío no era activista político ni tenía afiliación partidista, era un comerciante que había sido arrestado al visitar como amigo de la familia a la esposa de un detenido político y militante copeyano que acababa de dar luz a un bebé. Esta anécdota la detallo en la primera sección de mi libro La Venezuela imposible.


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Carlos J. Rangel
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miércoles, 24 de julio de 2024

EL FRAUDE ELECTORAL Y LA MATEMÁTICA


El miércoles 24 de julio del 2024, fui invitado a presentar el libro "EL PODER DE LA MATEMATICA, 
de Guillermo Salas Delfino en la sede del Interamerican Institute for Democracy, en Miami. Los otros panelistas de este conservatorio fueron el autor, Guillermo Salas Delfino, Ana Mercedes Díaz, Maibort Petit, Paciano Padrón y Ana Teresa Morrín.  Este es el texto de mi presentación:    

Estimado Guillermo Salas Delfino, autor del libro que nos reúne hoy aquí. Distinguidos panelistas, apreciada Beatrice Rangel, moderadora de este evento, distinguido Dr. Carlos Sánchez Berzaín, director ejecutivo del Interamerican Institute of Democracy, estimados asistentes, aquí en este momento, y en el ciberespacio en cualquier momento. Muchas gracias por permitirme presentar este libro, este estudio, este minucioso análisis de Guillermo Salas acerca de los métodos de fraude electoral detectados en el Referendo Revocatorio de la presidencia de Hugo Chávez efectuado el 15 de agosto del 2004, y que tiene especial repercusión hoy, a cuatro días de la elección presidencial en Venezuela.

Así es, faltan cuatro días; y vamos a ganar.  ¡Vamos a ganar! Ese es el hashtag, la arroba, el lema que usa la oposición democrática al régimen de Maduro en las redes sociales para transmitir un gran optimismo que se basa en la movilización masiva del electorado evidenciada en las manifestaciones de calle en todos los rincones del país, y en las encuestas publicadas y difundidas que presentan la opción de Edmundo González Urrutia como la opción ganadora este domingo, con un promedio de ventajas de alrededor del 20%.  Así es. Vamos a ganar; a menos que…


Confieso que cuando me presentaron este libro mi piel esc
éptica se puso de gallina.   El problema con las teorías conspirativas es que hay tantas que hacerle caso a una de ellas es francamente abrirle la puerta a la madriguera del conejo y caer en un mundo de fantasías alocadas que, a pesar de satisfacer sesgos e ideas fantásticas, crean una burbuja alrededor de uno que, rodeados en un país de maravillas, no nos permiten ver la realidad. Por eso, para mantener la razón, es mejor mantener nuestro escepticismo en alerta roja de manera  permanente. Mis notas al margen de mi ejemplar del libro, a medida que lo iba leyendo, así lo demuestran. Me preguntaba, ¿será este un libro más pretendiendo sostener alguna teoría conspirativa alocada que, a fin de cuentas, favorece al régimen al crear desconfianza en uno de los principales instrumentos de la democracia, el voto popular? ¿Qué el voto no cuenta, que no vale la pena votar? ¿Qué Maduro no sale con elecciones?

Siempre he sido bueno en matemáticas. En el colegio mis notas siempre eran estelares en esta materia y siempre era eximido de presentar el examen final. Mi clase más anticipada cuando bachiller fue la de cálculo integral. Mi carrera profesional como arquitecto combinó mis dos pasiones, la matemática y el arte.  Eventualmente, al cursar mi maestría, me topé con Elías Osuna, un genio de la estadística, y me mente matemática se enfrentó a la incertidumbre de las probabilidades.  

El pensamiento matemático racional y la observación diaria nos lleva a la conclusión de que la suma de dos verdades a medias nunca resulta en una verdad entera. Que, si entre los factores presentados en combinación uno de ellos es cero, una falsedad, su producto debe ser cero. Probablemente.

Por eso comencé a leer este libro con gran recelo. Por eso termine de leer este libro con gran satisfacción. Guillermo Salas Delfino, utilizando el método científico, demuestra con un alto grado de confiabilidad y con una incertidumbre que se aproxima a cero, que, durante el revocatorio del 2004 para rechazar el mandato presidencial de Hugo Chávez, el sistema electrónico de recopilación y tabulación de votos operó de manera fraudulenta a favor de la propuesta “NO”, la que mantendría a Chávez en la presidencia. Los votos “NO” fueron abultados, y los votos “SÍ” fueron mermados, arrojando un resultado con una diferencia porcentual de casi 20% a favor de mantener a Chávez como presidente. Estos hechos son sistemáticamente demostrados mediante el poder de la matemática en este libro.

El libro incluye intriga académica acerca de la publicación Statistical Science, la cual publicó en el 2011 un ejemplar parcialmente dedicado al análisis estadístico de esta elección con cinco artículos sobre el tema. Este número especial incluye un artículo de Guillermo Salas y Gustavo Delfino, antecedente de este libro que discutimos hoy. Otros tres artículos en aquella revista llegan a la misma conclusión de fraude, mediante otras metodologías, mientras que uno de ellos busca descartar estas demostraciones. Esta parte del libro de Salas, la dedicada a la intriga académica, es interesante, e incluye razones por las cuales el artículo que niega el fraude, y que describe las anomalías detectadas como no significativas, tiene errores de fundamento. La discrepancia, rivalidad y hasta sorna entre académicos, es usual en el medio y eso es de esperarse, especialmente en un campo dedicada a cuantificar las probabilidades y a disminuir la incertidumbre en asuntos políticos de gran trascendencia. Como dice el autor del artículo a favor de la hipótesis nula, la hipótesis de que no hubo fraude, el costo de errores en el análisis de resultados electorales puede ser muy alto para una sociedad, legitimando una elección fraudulenta o apoyando reclamos injustificables, con las consecuencias negativas que cualquiera de esas alternativas acarrea.

Uno de los artículos en aquel número de Satisrical Science tuvo como autores a Ricardo Haussmann y Roberto Rigobón, a quienes también conocí al mismo tiempo que Elías Osuna en el IESA.  El artículo de ellos se basa en un análisis de la elección que ellos condujeron, por decirlo así en caliente, por encargo de la Asociación Civil Súmate para recabar y analizar la información durante el proceso. Súmate es la fuerza cívica que estuvo detrás de la organización del Firmazo, el Refirmazo, y el Referéndum Revocatorio Presidencial. El fiirmazo fue la recolección de firmas inicial entre los inscritos en el Registro Electoral Permanente, el REP, solicitando la convocatoria del referéndum. El refirmazo se realizó con el mismo propósito, puesto que la primera recolección fue desechada por el Consejo Nacional Electoral, el CNE.

 La metodología Hausmann y Rigobón es distinta a la utilizada por Salas, pero eventualmente llega a la misma conclusión: la probabilidad de fraude se acerca al 100%.   Me gusta la breve definición que ellos utilizan para definir “fraude electoral”; que el resultado oficial de la votación no refleja la intención del electorado. Utilizando la misma base de datos de electores firmantes utilizada por Salas, pero usando encuestas a Boca de Urna, la conclusión es la misma: hubo fraude. La intención del electorado fue frustrada.

El libro de Salas detalla muy bien la base matemática y la infraestructura administrativa y tecnológica mediante la cual se frustró esa intención del electorado y se manipularon tanto las auditorías en caliente como las realizadas tres días después. Coinciden Hausmann y Rigobón con las conclusiones de Salas sobre las auditorías, y refutan los argumentos del Centro Carter sobre las mismas de manera contundente.

La pregunta que queda en el aire es: ¿Qué hacer ante este poderoso mecanismo detallado por Guillermo Salas en su libro, “El poder de la matemática”?

El fraude y la manipulación electoral no ocurren con un solo elemento.  El informe de Súmate acerca del proceso, desarrollo y ejecucion del revocatorio, relata todas las instancias que utilizó el régimen para tratar de impedir, confundir e intimidar al electorado para que votase a favor de mantener a Chávez en el poder, antes de contar los votos.  La manipulación electrónica detectada y detallada en este libro es apenas una de las herramientas del régimen para influenciar los resultados y frustrar la intención del electorado el día de las elecciones. Otras son la manipulación del REP, y la mudanza arbitraria de mesas electorales.

Pensaría uno que, tras 20 años en uso, el régimen tiene práctica en esto de manipular elecciones. Casi pensaría uno que ni vale la pena votar, porque ya el guiso está sancochado. Casi pensaría uno que un libro cómo este descarta de plano la solución democrática para salir del régimen autoritario que durante casi un cuarto de siglo somete al pueblo veneolano, chupando su sangre y creando miseria. Que no existe salida electoral. Que solo nos queda rasgarnos las vestiduras. Francamente, sin embargo, no creo que esta deba ser la conclusión a sacar del libro.


Las elecciones presidenciales del 23 de abril del 2013, e incluso las de diciembre del 2012, tuvieron irregularidades que son explicables aceptando la hip
ótesis alternativa: la hipótesis de que hubo fraude. La participación electoral fue casi del 75% en el 2013 y la diferencia ganadora, tras la manipulación, que por cierto se detalla en este libro mediante un affidavit jurado de Leasmy Salazar, un converso del régimen, fue de apenas 1,5%. Sudaron para sacar ese resultado. Es de hace notar, que entre 1998 y el 2008 hay un salto anómalo en el crecimiento del REP, el cual históricamente crece a un ritmo de alrededor de un 2.5%. En ese período, entre 1998 y el 2008, creció casi un nueve por ciento interanual. Este periodo, por cierto, incluye el 2004, el año del referendo revocatorio, y, por qué no decirlo, el año 2000, el año de la primera elección de Chávez bajo la nueva constitución. Esa ola de crecimiento, explicable nuevamente por la hipótesis alternativa, se comienza a absorber hacia las elecciones del 2012 y del 2013, dificultando el fraude por duplicación de votos (también insinuado en el libro y en el informe Carter mediante el uso del capta huellas). Vemos por eso que dos años después, en el 2015, con una participación electoral para las elecciones parlamentarias también de alrededor del 75%, la derrota del régimen es masiva, casi 19% de diferencia, un margen a prueba de fraude. Las irregularidades en el proceso y la oposición dividida disminuyen la participación electoral a 46% en las elecciones del 2018, margen del cual el régimen obtiene dos tercios de los votos. Es decir, Maduro fue electo en el 2018, oficialmente, con un 30% del electorado, de electores inscritos en el REP, una representación, usando un término histórico del chavismo, escuálida.

Las elecciones recientes en Venezuela tienen tendencia irreversible en contra del régimen, siempre y cuando el voto sea masivo, la participación alta. Esa es la primera herramienta para derrotar al fraude: el voto. La segunda es la organización en los centros de votación para establecer y demostrar la intención del electorado, para lo cual el Comando Venezuela ha hecho una labor extraordinaria. En esto, la lección de las elecciones robadas a Andrés Velázquez para la gobernación de Bolívar y el artículo de Haussmann y Rigobón establecen una ruta a seguir para determinar esta intención, y el comando ha creado mecanismos para seguirla, siempre y cuando la ciudadanía utilice masivamente aquella primera herramienta: el voto.

La confianza en su capacidad de cometer fraude e ignorar el poder y voluntad ciudadana ha derrocado a regímenes autoritarios desde Polonia y Suráfrica hasta las Filipinas y Chile, y en la misma Venezuela, un país que todavía mantiene su memoria democrática. Es muy probable que, a pesar de los esfuerzos más viles del régimen, esto ocurra en Venezuela este domingo si hay una participación masiva del electorado; la intención del régimen será derrotada, la intención del electorado prevalecerá. “¡Vamos a Ganar!” será un hecho cumplido este domingo. El lunes, comenzará un nuevo camino escabroso y empinado, el que nos llevará hasta el 10 de enero del 2025, inicio de la restauración del país a uno con democracia y libertad, en paz y prosperidad.

Muchas gracias.

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Carlos J. Rangel
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VENEZUELA HOY Y SU NUEVO MAÑANA

 El 21 de noviembre de 2024, El Club de la Libertad, en Corrientes, Argentina, invit ó  a Carlos J. Rangel a hablar acerca de Venezuela, su ...